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La araña roja, un desastre para los cultivos

por Redacción

Por Nancy B. Hernández

Desde el inicio de la agricultura, numerosos cultivos son afectados por el ataque de plagas, las cuales pueden provocar serias pérdidas económicas, incluyendo insectos y ácaros. Los ácaros fitófagos constituyen el grupo más importante dentro de las especies plaga de las plantas cultivadas, después de los insectos. Comprenden entre un 15 y 20% de las especies plaga de mayor incidencia económica en los cultivos.

Tetranychus urticae Koch es una plaga cosmopolita y muy polífaga que ataca a numerosos cultivos de importancia económica, como los cultivos hortícolas, extensivos (algodón, maíz, etc.), cítricos, vid, frutales y ornamentales. Este fitófago, conocido vulgarmente como araña roja, es uno de los ácaros tetraníquidos más perjudiciales que afectan a los huertos. Esta especie generalmente se encuentra en el envés de las hojas, donde produce tela y colonias densas donde se alimenta del contenido de las células, lo que se manifiesta en forma de manchas cloróticas en el lado superior de las hojas. Hasta la fecha, el control de T. urticae se ha basado, principalmente, en el control químico, sin embargo, este método no es siempre eficaz, además que ejerce control sobre los enemigos naturales y se crean condiciones favorables para el aumento poblacional de T. urticae y otras plagas.

Tetranychus urticae es un ácaro fitófago con alto potencial reproductivo, ciclo de vida corto, tasa de desarrollo rápido y capacidad para dispersarse rápidamente. Su tamaño oscila entre 0,4 y 0,6 mm, en el caso de la hembra adulta, que tiene un aspecto globoso. El macho es más pequeño y aperado. Este ácaro puede presentar diferentes características morfológicas, sobre todo su color puede variar en respuesta a su régimen alimenticio, factores ambientales, planta huésped y estado de desarrollo. Esto ha provocado que le asignen diversos nombres a esta especie, entre los cuales están: Tetranychus telarius (L.), T. bimaculatus Harvey y T. cinnabarinus Boisduval. Incluso, algunos taxónomos consideran todavía que T. urticae y T. cinnabarinus son la misma especie, mientras que otros creen que son dos especies distintas.

Forma de vida y reproducción 

Tetranychus urticae se reproduce mediante partenogénesis en la que los machos se desarrollan a partir de huevos no fertilizados (haploides), mientras que las hembras se desarrollan a partir de huevos fecundados (diploides). Esta especie presenta una proporción de sexos entre 2:1 y 9:1 a favor de las hembras, cada hembra adulta puede poner unos 100-120 huevos, con una tasa de 3-5 huevos por día, sin embargo, estas cifras pueden variar según la cantidad y la calidad del alimento, o las condiciones ambientales.

Tiene un ciclo de vida corto que consta de cinco fases de desarrollo (huevo, larva, protoninfa, deutoninfa y adulto). Entre cada fase hay una fase inactiva o período quiescente, en la que adoptan una posición característica, recibiendo el nombre de crisalis (protocrisalis, deutocrisalis y deutocrisalis); bajo condiciones óptimas, puede completar su ciclo en 9 días.

Este ácaro tiene alta tendencia agregativa y desarrolla sus colonias en el envés de las hojas donde producen tela en abundancia que les protegen de los depredadores, acaricidas y condiciones climáticas adversas. Además, la tela también se utiliza como mecanismo de dispersión. En condiciones de escasez de alimento o cuando la planta está fuertemente infestada, los individuos se acumulan en el extremo de la hoja o del brote y después por corriente de aire o por gravedad son transportados a otra planta. Tetranychus urticae también puede vivir sobre los frutos cuando éstos están presentes.

Temperaturas elevadas y condiciones de baja humedad favorecen el incremento de sus poblaciones que pueden alcanzar niveles perjudiciales y causar graves daños a las plantas hospederas, es muy común que se presente en cultivos bajo cubierta, pues las condiciones micro ambientales dentro de la estructura facilitan su reproducción. En climas fríos, este ácaro presenta baja actividad. Sus poblaciones “explotan” cuando se dan temperaturas cálidas sumadas a un ambiente seco. Con 28-32 °C y una humedad relativa por debajo del 50% pueden completar un ciclo en apenas 2 semanas. En condiciones de alta humedad o temperaturas bajas se produce una gran mortalidad de larvas y se ralentiza su desarrollo. Las lluvias o el riego por aspersión reducen notablemente las poblaciones.

Daños causados

El daño causado por este fitófago se debe a su actividad alimenticia. Para alimentarse T. urticae inserta sus estiletes en el tejido de la hoja, succionando el contenido de las células epidérmicas y parenquimáticas. El vaciado causa el colapso y muerte de las células que originan manchas cloróticas en las hojas, disminuyendo la tasa de transpiración y la actividad fotosintética de la planta. Ataques intensos pueden llegar a provocar que la planta pierda las hojas de forma prematura, sobre todo si sopla viento seco. En algunos cultivos como los cítricos, se producen abultamientos amarillentos en las hojas. Tanto las larvas como las ninfas y los adultos se alimentan en el envés de las hojas originando manchas diminutas en forma de puntos decolorados. Estos puntitos amarillentos se sitúan al principio alrededor de la nervadura central y las venas más grandes. Si el ataque persiste, las hojas se abarquillan y amarillean por completo.

Si la infestación coincide con altas temperaturas y/o estrés hídrico, puede causar defoliaciones graves y el número de flores producidas puede reducirse considerablemente. Cuando el ataque se produce sobre los frutos, ocasionan manchas herrumbrosas y difusas, que se inician en la zona estilar o peduncular. Estas manchas causan un daño cosmético que reduce su valor comercial, produciéndose en consecuencia importantes pérdidas económicas. Los daños más serios se producen cuando los cultivos son jóvenes ya que son más vulnerables. Se produce, cuanto menos, un retraso en su desarrollo. En las plantas adultas provoca una reducción del rendimiento y la producción. En plantas ornamentales, un ligero ataque puede comprometer el valor comercial de los ejemplares afectados.

Estrategias para lograr su control

La reducción de las poblaciones de T. urticae requiere la utilización de diversos métodos o técnicas de control. Entre ellos destacan el control químico, el biológico y el cultural.

  • Control químico

El control químico sigue siendo el método más utilizado para controlar T. urticae tanto en campo como en viveros. Los tratamientos químicos deben hacerse siempre que la densidad de T. urticae sobrepase el umbral económico, y no de manera preventiva o por observar sólo síntomas. Los ataques de este ácaro suelen aparecer en focos bien delimitados, por lo que es importante la vigilancia de éstos y, si es posible, realizar tratamientos localizados a estos focos antes de que se extiendan al resto del cultivo. En el caso particular de este fitófago es muy importante la alternancia entre materias activas con distintos modos de acción para evitar el desarrollo de resistencias en unas pocas generaciones, debido a su alta fecundidad y corto ciclo de vida. El control químico es una práctica que es eficaz a corto plazo, lo que a menudo lleva a los productores a repetir los tratamientos de manera inadecuada o incluso al uso de sustancias no autorizadas que pueden causar serios problemas de resistencia y/o eliminación de la fauna útil.

Las aplicaciones químicas deben realizarse a dosis recomendadas y sobre todo las técnicas de aplicación deben permitir alcanzar bien el envés de las hojas de manera que se asegure una apropiada cobertura vegetal. La aplicación correcta y eficaz de un acaricida para el control de T. urticae exige un conocimiento completo de la biología de esta plaga.

  • Control cultural

El control cultural consiste en la utilización de técnicas o prácticas culturales determinadas con el propósito de contribuir a prevenir los ataques de las plagas, hacer el ambiente menos favorable para su desarrollo o disminuir sus daños. Algunos ejemplos de estas técnicas son: la rotación de cultivos, las técnicas de fertilización y manejo del riego, el uso de variedades resistentes, la poda, la cobertura del suelo, etc. Esta plaga prefiere un clima cálido y seco. En jardinería doméstica una buena práctica es pulverizar con agua las plantas con el objetivo de elevar la humedad para impedir su desarrollo, además de mantenerlas en un lugar fresco.

  • Control biológico

Entre las distintas estrategias de control biológico de T. urticae, se está dando mucho énfasis en los últimos años al control biológico por conservación mediante la gestión de la cubierta vegetal y el control biológico por inoculación a través de las sueltas aumentativas de ácaros fitoseidos. Con respecto al control biológico por conservación mediante el manejo de la cubierta vegetal, se ha estudiado recientemente el uso de la gramínea Festuca arundinacea Schreber (Poaceae) en la regulación de las poblaciones de T. urticae. La festuca sembrada entre líneas del cultivo, actúa como un reservorio manteniendo las poblaciones de los enemigos naturales nativos o autóctonos (principalmente fitoseidos) elevadas durante todo el año. Por ello, el uso de esta cubierta vegetal está siendo ampliamente recomendado a los agricultores. La segunda estrategia de control se refiere a las sueltas aumentativas de los ácaros fitoseidos Neoseiulus californicus (McGregor) y Phytoseiulus persimilis Athias-Henriot (Acari: Tetranychidae).

Sin embargo, el control biológico de algunas plagas, como es el caso de la araña roja Tetranychus urticae Koch (Acari: Tetranychidae), el piojo rojo de California Aonidiella aurantii (Maskell) (Hemiptera: Diaspididae) y la mosca Mediterránea de la fruta Ceratitis capitata (Wiedemann) (Diptera: Tephritidae), es aún insuficiente. Estas especies son conocidas principalmente por causar daños en los frutos, en la mayoría de los casos cosméticos. Por lo tanto, es necesario tomar medidas adicionales para que esto no ocurra y que el producto final responda a la alta calidad exigida por el mercado. La mejor manera de hacerlo, es a través de la combinación de los tres métodos de control descritos.

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