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Importancia de la prevención en el control del mal de almaciguera

por Redacción

Por Ana María Medrano Echalar

La enfermedad conocida como mal de almaciguera o del semillero, así como Damping off, es provocada por tres hongos patógenos de suelo que afectan una amplia gama de cultivos. Estos hongos son Fusarium, Pythium, y Rhizoctonia.

La producción de cebolla presenta problemas importantes en el almácigo que pueden ser causados por factores diversdos como una densidad de siembra excesiva, la deficiente nivelación de platabandas ya que puede provocar encharcamientos, la mala calidad de la semilla, es decir que sea de bajo poder germinativo o bajo porcentaje de pureza, y, principalmente, el ataque de enfermedades causadas por hongos patógenos del suelo, como el Damping off.

Por lo general, el Damping off se presenta en las primeras semanas del almácigo cuando las plántulas empiezan a emerger. Los síntomas que se presentan son una coloración amarrilla de las puntas del follaje, posteriormente marchites y finalmente, muerte de las plántulas. Para los cultivos que se desarrollan durante la época de lluvias, es necesario hacer aplicaciones de fungidas y bactericidas frecuentemente, para evitar la diseminación rápida de las enfermedades en el cultivo; por regla general se recomienda que las plantas vengan protegidas desde el semillero y cuando estas son puestas en el terreno definitivo, la aplicación de fungicidas para el control de Damping off es indispensable, ya que Phytophthora, Fusarium, Pythium y Rhizoctonia, son el grupo principal de hongos que afectan esta etapa y están presentes en la mayoría de los suelos.

La complejidad de la enfermedad y los diferentes agentes que pueden desencadenarla así como también por su rápida reproducción ha hecho necesario revisar los procesos de producción de la plántula, desde el análisis de la semilla que llega al recinto, el control de las características medioambientales e higiénicas del almacén y de los invernaderos, el estudio de los componentes del sustrato y del agua de riego, y el análisis de plántulas con síntomas de infección.

En esta enfermedad, la forma de evitar que origine un daño monetario mayor, que disminuya la rentabilidad del cultivo de manera alarmante, es conocer su biología y comportamiento y una forma adecuada de combate, buscando diferentes alternativas de manejo que ayuden a prevenir y controlar enfermedades por patógenos.

Diversidad de técnicas de control

Para el control fitosanitario en semilleros existen varias técnicas. Hoy en día la utilización de productos químicos para la desinfección de almacigueras se hace cada vez más común pero hay problemas en el modo de utilización de estos productos. Se ha comprobado que la utilización de agroquímicos trae severos problemas de contaminación, pone en riesgo a la salud y a la biodiversidad. Por otra parte, las exigencias internacionales de seguridad alimentaria para exportaciones son cada vez más exigentes en cuanto al uso de insumos químicos. Al mismo tiempo, en el mercado existe una creciente demanda de alimentos orgánicos. Por esta razón, en los últimos años, se ha ido experimentando diferentes formas de realizar agricultura sostenible, como la agricultura orgánica.

La agricultura orgánica, promueve el crecimiento y la diversidad de microorganismos (no patógenos) con potencial para controlar otros microorganismos causantes de enfermedades. Un ejemplo de este tipo de estrategias es el control biológico. Asimismo, los principales agentes del control biológico son insectos benéficos (como parásitos y predadores), hongos, bacterias, virus y nematodos no patógenos Entre los géneros de hongos, se tiene el Gliocladium y Trichoderma, siendo este último el más utilizado en el control de patógenos del suelo.

Trichoderma se constituye en el fungicida biológico más estudiado y empleado en la agricultura. Es un género de hongos que viven libremente en la tierra y ecosistemas de la raíz. Sus propiedades antagónicas se basan en la activación de mecanismos muy diversos. Pueden ejercer el biocontrol de hongos fitopatógenos indirectamente (compitiendo por espacio y/o nutrientes, modificando las condiciones ambientales, estimulando el crecimiento de las plantas y sus mecanismos de defensa o produciendo antibióticos) y también pueden realizar biocontrol directamente mediante mico parasitismo.

Bondades de Trichoderma

Otros efectos beneficiosos de Trichoderma son la estimulación del crecimiento y el desarrollo de la raíz de la planta, aumentando la captación y uso de nutrientes, así como también la productividad del cultivo. Las micorrizas arbusculares son otros bioinsumos utilizados para combatir patógenos del suelo. Las micorrizas son hongos del suelo que pueden llegar a establecer asociaciones mutualísticas, tales como la simbiosis, con las raíces de las plantas. Las raíces micorrizadas alcanzan mayor superficie de exploración, aumentando así la absorción de agua y de nutrientes de la planta. Otra de las funciones que cumplen estos hongos benéficos es la protección de las raíces contra el ataque de patógenos del suelo, creando una barrera mecánica a través del manto de hifas que forman y generando competencia por nutrientes y espacio.

Dentro de los insumos biológicos también está el humus de lombriz, el cual brinda a las plantas mayor resistencia a hongos patógenos debido a la elevada población de bacterias y microorganismos antagonistas que lo habitan. Estos organismos evitan, suprimen y reprimen a los organismos patógenos.

Siembra directa y producción de plántulas

El sistema de siembra indirecta contempla las siguientes etapas: el almácigo, el transplante y la cosecha. Los cultivares de cebolla que más se cultivan en México son las que producen bulbos color blanco, estableciéndose prácticamente durante todo el año en diferentes regiones del país. El cultivo de la cebolla es sensible al fotoperiodo (duración del día), la formación y desarrollo del bulbo está influenciado directamente por el fotoperiodo ya sea corto (10 a 12 h), intermedio (12 a 13 h) o largo (más de 14 h).

Las variedades o híbridos de día corto se deben establecer en el almacigo durante el periodo comprendido entre septiembre y noviembre para ser trasplantadas durante los meses de diciembre a marzo, mientras que las día intermedio deben sembrarse en el almacigo de diciembre a febrero para trasplantarse de marzo a mayo.

El almácigo está definido como el área de terreno preparada para depositar la semilla y proporcionar los máximos cuidados durante la germinación y emergencia de la plántula. La importancia de esta etapa radica en que determina la calidad de la plántula; un almácigo con plántulas sanas y uniformes garantiza una cosecha sana y uniforme. Sin embargo, existe el riesgo de diseminar nematodos y agentes patógenos como enfermedades fungosas y bacterianas a la siguiente etapa (el trasplante).

Las enfermedades son el principal factor limitante para la producción y comercialización de cebolla y de otros cultivos. A corto plazo, es decir en el año de producción, reducen los rendimientos, afectan el valor comercial y aumentan los costos de producción. A largo plazo se suman otros problemas, quizás más graves: la pérdida de la productividad por la acumulación de ciertos patógenos en el suelo a causa de la repetición de cultivos en el mismo terreno, así como el incremento en determinadas enfermedades de postcosecha, lo que complica la comercialización. A raíz de esta serie de problemas, la realización de almácigos o producción de plántulas puede ayudar a minimizar los daños y elevar la calidad de la producción, pues en ellos se realiza un primer control de calidad, al sembrar bulbos de mayor porte y vigor, se tiene una mayor  oportunidad de obtener mejores rendimientos, logrando al final del ciclo un aumento en el ingreso del productor.

Producción de plántula

Cuando la producción de plántula se realiza en almácigos a campo abierto se requieren de 30 a 40 m2 de almácigo para producir la plántula necesaria para una hectárea, requiriéndose un kilogramo de semilla para densidades de plantación de 222,000 plantas por hectárea, cuando se establece a doble hilera de plantas en surcos de 76 cm de ancho; para densidades de 333,000 plantas por hectárea a establecerse en camas de seis hileras de plantas, se requiere cerca de 1.5 kg de semilla.

La plántula esta lista para el trasplante de 70 a 90 días después de la siembra, cuando el bulbo tiene un diámetro entre 3 y 7mm y la altura de la planta es de 30 a 40 cm, se ha observado que cuando el tamaño del bulbo es mayor, el arraigo y emisión de nuevas raíces es más rápido.

Se ha demostrado que la homogeneidad en el tamaño de la plántula favorece la obtención de tamaño homogéneo de bulbos a cosecha, por lo que se recomienda separar por tamaños la plántula al momento del trasplante.

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